Maragall inacabable (13)

 

4. Polític

 

Ja es veu fins a quin punt és essencial el nacionalisme que Maragall posa sobre el paper al tombant de segle i la importància que hi prenen el paisatge i la llengua. Tornem a la política. Tornem a l’any 1902, quatre anys després de l’adéu a Espanya. Maragall escriu llavors un article amb un títol que descriu perfectament la naturalesa del conflicte del nacionalisme català amb l’espanyol. Aquella victòria de Fortimbràs sobre Hamlet no és tan clara com l’havia anunciat, i això ens porta a El trágico conflicto:

 

“Si en el centro de España pudiera aparecer un poder moderador con serenidad y habilidad para educar y armonizar todas las fuerzas que quedan en la nación e integrarlas en la España nueva, el catalanismo sería una de las más considerables y se convertiría en un poderosísimo elemento de reconstitución. Si, por otra parte, al caer la vieja España mortalmente herida por el desastre colonial, el catalanismo hubiera tenido su espíritu político suficientemente fuerte y educado [recordem aquelles paraules de deu anys enrera: vigor y cultura ] para convertirse en redentor de los males pasados y en director de un renacimiento español (…) En uno y otro caso el problema quedaba resuelto.”

 

Però això no ha passat i Maragall ha d’acabar l’article amb la metàfora terrible dels dos nàufrags:

 

“Así nos emcontramos como naufragos en alta mar, los más débiles se agarran al más fuerte para llegar con él a la tabla salvadora. – Soltadme – dice éste -: dejadme libres los movimientos para que pueda alcanzar el firme apoyo y con él salvarnos todos. – Te salvarías solo – claman angustiosamente los otros – si te soltamos, morimos en seguida. – Si no me soltáis, morimos todos.

Y así es como los náufragos van enfureciéndose mortalmente unos contra otros… Y éste es el trágico conflicto.” (1902)

 

Una setmana després d’aquest article escriu La patria nueva, i insisteix en la idea que els catalans són “españolistas de una España moderna que ha de ser su obra y que habrán de amar como fruto de sus entrañas”. El problema és que els catalans estan en minoria a Espanya. El problema és que “La inferioridad política actual de dichas regiones (que están en pequeña minoría) en frente del viejo espíritu central representativo de la gran masa de la España muerta (…) [és] bastante para destruir, o, lo que es peor, corromper toda iniciativa salida de aquellas pequeñas porciones de España que, al trabajar en su desarrollo económico y social, han abandonado, por descuido o por inercia, la función política en manos que han resultado ajenas.”

La cosa important és que “Aquí hay algo vivo gobernado por algo muerto, porque lo muerto pesa más que lo vivo y va arrastrándolo en su caída a la tumba. Y siendo ésta la España actual, ¿quién puede ser españolista de esta España, los vivos o los muertos?” (…) Ho diu amb tota la cruesa i es lamenta d’un “matonismo parlamentario o de tertulia que habla rotundamente en nombre de España, que da y quita patentes de patriotismo, y que anatematiza (…) todo impulso de vida que intenta penetrar en la gran momia política. El hueco anatema resuena grandiosamente por los ámbitos de la vasta necrópolis nacional, ahogando el grito de vida aislado en la pequeña región de los vivos que no saben gritar: – Zona neutral… – Separatismo! – Concierto económico. – Separatismo! – Organismos autónomos. – Separatismo! Como podemos ser españolistas de esta España?” Maragall proposa fer una pàtria nova, i continua convençut que serà així, que la victòria serà d’aquests nous patriotes. “Podéis todavía tiranizarnos, calumniarnos, oprimirnos, escarnecernos… No importa. De uno u otro modo os venceremos. (…) – Sois cuatro inocentes, cuatro locos, cuatro criminales de lesa patria – nos contestarán, incoherentemente – : pero ¡ay! de vosotros; porque nosotros somos los ministros, nosotros los consejeros, nosotros los generales,nosotros los jueces (…) A lo cual contestaremos riendo: – Pues nosotros somos los que hacemos patrias nuevas.”

 

És la definició que dóna del catalanisme a Nuestra acción (1905). “Cataluña tiene una historia y una vida nueva, una personalidad y necesita realizarla y desenvolverla, desligándola del espíritu y de los organismos inadecuados del Estado de que forma parte. La consciencia de esta necesidad y los anhelos resultantes son el catalanismo.” El problema és què fer-ne, d’això. Aquesta em sembla que és la clarividència de Maragall, l’honestedat de plantejar-ho. El catalanisme. Què en fem? “¿Procuraremos apoderarnos de la dirección del Estado español infundiéndole nuestro espíritu para acomodarlo a nuestra necesidad y a nuestro anhelo, agigantando así nuestra acción? ¡Trágica acción – dicen muchos – que parece hoy desproporcionada a nuestra fuerza política, y en la que nuestro espíritu podría zozobrar y perecer! Pues entonces ¿vamos a conquistar nuestra libertad en una península hispánica de pequeños Estados federados?” I aquesta seria la solució iberista i federativa. Afeblir el poder castellà convertint la península en un estat federal. El problema és com aconseguir-ho, perquè la força catalana no és suficient. “¿Interviniendo desde luego en la política centralista y conquistando en ella nuestro ideal palmo a palmo? ¿O encerrándolo puro en nuestro pecho, nutriéndolo de amor y de esperanza, para que, así comprimido, estalle un día en acción heroica?” I llavors dóna la gran idea, una idea elemental però d’una gran transcendència, que és guanyar la partida a través de la cultura, idea de la qual els catalans encara avui som hereus, i sense la qual difícilment jo estaria ara mateix parlant aquí en català. Maragall proposa que ens dediquem a la cultura. “Escuelas, cátedras, investigación científica, métodos europeos: somos todavía un pueblo de ignorancia y de pereza intelectual, y esa tara (…) hace vano todo esfuerzo. ¿Cómo han crecido modernamente los pueblos que hoy son de mayor grandeza? Por una intensa cultura: la instrucción, la educación los han levantado, ¿qué digo?, han resucitado a alguno de ellos, y hasta se puede decir que la cultura crea pueblos (…)” Si ens instruïm, diu, “nuestro peso específico de pueblo civilizado nos pondrá por sí solo donde debemos estar, y Cataluña, Barcelona, logrará todo el ámbito que convenga a su grandeza, sin otro esfuerzo que hacer saltar con la uña, como una cascarilla, el superficial envoltorio administrativo.”

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