Maragall inacabable (16)

L’ideal ibèric vol “la fraternidad y la alianza, la composición con la diversidad de los pueblos, una armonía de varias libertades.(…) El catalanismo ha debido ahondar en su entraña y preguntarse qué había de español en él”, per tal de fer-se “el eje de una política nueva fecundadora de la naturaleza peninsular (…) Y lo que el catalanismo ha encontrado de fundamentalmente español en su entraña ha sido aquel sentido de la variedad en la unidad [fa molta impressió pensar amb quina contundència aquesta “variedad en la unidad” serà resposta anys endavant amb un sintagma com un mirall: la “unidad de destino en lo universal” ], el sentido de la libertad armónica de los organismos naturales en oposición a su unificació mecánica y estatista representada por la actual política castellana definitivamente fracasada. (…) Estos sentimientos de libertad, variedad y armonía, dominados y ocultos por cuatro siglos, y por razones históricas, bajo el rígido unitarismo castellano, latieron, sin embargo, siempre vivos en el fondo de la naturaleza peninsular, y terminada ahora con la misión de la fuerza de aquél, reaparecen como nueva y única fuerza reconstructiva de una política amplia y fecunda para toda la península”. És a dir, una Catalunya redemptora. Perquè el problema que nosaltres tenim amb Castella Castella també el té amb nosaltres, i per tant Catalunya, que “ por su situación y por su vida industrial, es más directamente tocada de los ambientes de civilización europea, y por su antigua historia en la confederación aragonesa y su individualismo indomable, bajo todas las vicisitudes de régimen, ha afirmado siempre su vocación por la libertad”, ha arribat el moment que “ponga en el aire peninsular este ideal que llame a sí todas las libertades ibéricas agrupadas según las modalidades en que naturalmente se hayan manifestado o vayan manifestándose, desde el tímido pero profundo sentimiento particular de la raza de los gallegos, desde el reducido pero vivaz fuerismo vasco, desde el vago regionalismo de las poblaciones que se contentarían ahora con una descentralización administrativa más o menos extensa, hasta el extenso autonomismo catalán y que pueda también contener la tanto tiempo ha consumada, pero no perdurable, separación portuguesa, y aún los vislumbres del porvenir en África, o donde sea.” Tot això porta al federalisme, que “logra que las variedades naturales se integren espontáneamente en aquella fecunda unidad que es fondo natural también de todas.” ( El ideal ibérico, 1903)

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